viernes, abril 9

Fotografías

--No estoy de buenas --le dije a Jonathan cuando comenzó a decirme que las estrellas del techo de mi cuarto eran algo de niña pequeña.
--Sólo quería hacer que pensaras en otra cosa. Si hago que te enojes conmigo, tal vez se te olvide todo.

Sebastián entrecerró los ojos e hizo una mueca de precaución, como si Jonathan hubiese quitado el seguro de una granada y ésta estuviese a punto de explotar. Sí, bueno, Sebas era una gallina cobardona.

Jonathan había llegado en cuanto salió de la escuela. Se disculpó como mil veces por no haber estado conmigo y por haber enviado a Sebastián en su lugar, y aunque le exigí que no se portara como un tarado lame botas, no dejó de molestar hasta que le dije que no importaba, que lo perdonaba. No había nada que perdonar. La gente se enoja y hace estupideces, como me había dicho Sebas hacía ya un rato. Jonathan se había enojado conmigo porque lo traté como al trapo de la cocina, así que se había negado a acompañarme al hospital, pero no importaba porque el enojo hace que nos portemos de una forma tonta, aunque por el momento nos parezca lo más razonable del mundo.

Yo estaba enojada con Diego. Por haberme ocultado que veía a mamá y por no haberme dicho que tenía una novia... en especial si ésta estaba loca. También me sentía extraña porque mamá acababa de morir. Nunca habíamos tenido una buena relación, y de hecho ella tenía la idea de que seguía teniendo quince o dieciséis años, además de que jamás tuvimos una conversación decente... ni siquiera cuando murió conversamos, sólo cruzamos unas palabras y eso fue todo. Esa era la razón por la que estaba tan frustrada: no me podía sentir devastada por la muerte de mamá, ya que sólo habíamos sido conocidas, ni siquiera amigas. Y lo peor de todo era que sabía que eso estaba mal, porque ¿qué clase de chica no llora como si se hubiese acabado el mundo cuando se queda medio huérfana? Por supuesto que había llorado, pero lo había hecho porque me sentía culpable y porque tenía que llorar, pero la mujer que había muerto hoy y yo nunca habíamos cruzado más de tres palabras al día, y esa era la razón de que mi corazón tuviera un pequeño huequito como el queso gruyere, y no un agujero parecido al que dejaría una bomba atómica en cualquier lugar. Sí, me sentía mal, pero me había sentido así miles de veces. Mi madre había muerto para mí muchos días de mi vida, pero la diferencia era que ahora ya no podría verla para asegurarme de que todavía existía la mujer que me había donado veintitrés cromosomas. Pura genética, nada de amor.

--Si haces que me enoje contigo te voy a arrancar la cabeza --dije.

Los tres guardamos silencio durante unos segundos, mirándonos fijamente como si estuviésemos esperando que alguno saliera de la habitación para no volver jamás. De pronto Sebastián miró hacia otro lado y sonrió traviesamente antes de tomar la mochila de Jonathan, que estaba en el suelo, junto a la cama. Sebas abrió el cierre y se puso a hurgar como madre sobreprotectora, sólo que él no intentaba encontrar algo que pudiese dañar a Jonathan, sino algo que pudiese avergonzarlo.

--Deja eso --dijo Jonathan sin mucha convicción. Sabía que de cualquier manera Sebastián haría lo que se le diera la gana.
--¡Fotos! --exclamó Sebas, sacando un sobre blanco de la mochila.
--Sebastián, no seas abuela y deja eso en su lugar --dije yo.
--Ay, vamos, sólo las veo y luego las regreso a su lugar ¿está bien?
--Deja que las vea --intervino Jonathan--. De cualquier manera iba a enseñárselas, sólo que yo quería que todos estuvieran aquí.
--Blah, blah, blah. Cállate, ricitos. Vamos a ver qué clase de porquerías te gusta fotografiar.

Sebas sacó un bonche de fotos y comenzó a verlas como si se tratasen de los recuerdos de su infancia. Luego miró a Jonathan y pude notar que se ponía pálido (algo raro, ya que su piel era blanca de por sí) y que los pequeños círculos rosados de sus mejillas aniñadas desaparecían. Me asusté por un segundo y después me acordé de respirar. Para mí seguía siendo un acontecimiento bastante desagradable que Sebas dejara de lado su simpatía y socarronería, para ponerse serio e incluso asustado.

--¿Qué estuviste haciendo, ricitos? Me sorprende que sigas vivo.
--¿Eh? --pregunté, mirando a Jonathan--. ¿De qué habla?

Jonathan pasó una mano por mi cabello y extendió la otra para que Sebas le diera las fotografías. Me las dio y creo que mi expresión imitó bastante bien la de mi amigo cuando vi de qué se trataba todo esto.

En una de las imágenes había policías resguardando una casa enorme, todos ellos con armas de largo alcance que matarían a un individuo ubicado al otro lado del mundo. En otra se mostraban las puertas de la casa; arriba había cables de alta tensión y cámaras por todas partes. La tercera imagen fue la que me dejó fría de pies a cabeza: el interior de la casa. Enorme. Pasto por todos lados y policías en cada centímetro cuadrado de la residencia. En la siguiente fotografía se enfocaba una de las enormes ventanas del lugar; puse un poco más de atención y pude notar la silueta de un hombre al otro lado. Pasé a la siguiente foto y de pronto tuve la extraña necesidad de golpear a Jonathan con algún tubo de fierro: la ventana estaba tan cerca que parecía como si la foto hubiese sido tomada desde dentro y no desde el patio. El hombre estaba muy mal encarado, fumaba un cigarrillo y estaba con otros dos que eran policías, a juzgar por el uniforme y las insignias.

--¡¿Me quieres decir qué diablos estabas haciendo?!-- exclamé.
--Tranquilízate, yo no las tomé --dijo Jonathan, y al instante Sebastián recuperó sus mejillas coloradas y yo pude respirar con mayor facilidad.
--¿Entonces?
--Tengo... contactos.
--¿Contactos?
--No vas a adivinar.
--No tengo ganas de adivinar --dije.
--Ni yo --coincidió Sebas.
--Ehem... digamos que utilicé material para chantajear a uno de esos policías. Fue fácil: lo investigué, y ¡cuántas cosas le ocultaba a su esposa! Si yo te contara...
--Ve al grano, anciana --urgió Sebastián
--Pues al parecer el hombre no quería que su mujer se enterara de nada, y estuvo muy dispuesto a ayudarme con esto, siempre y cuando su familia siga como hasta ahora.
--Ya, ¿y de qué nos sirven las fotos? --pregunté.
--Mira, hay cámaras por todo el lugar --dijo, señalando con su índice varias de las fotos, que había extendido por el piso--. Vamos a necesitar a alguien que nos ayude a desactivarlas, aunque sea por un periodo corto de tiempo.

Jonathan sacó un papel arrugado de su bolsillo y lo puso junto a una de las fotos.

--¿Ves esto? Él lo dibujó para mí.
--Ay, qué tierno --dijo Sebastián--. El novio rudo de Jonathan le hizo un lindo mapa de su nidito de amor.
--Es la casa, idiota.
--Ah... claro.
--Mira --Jonathan trazó un camino con su dedo--. Aquí están los papeles que necesitamos. Sería más fácil si sólo desactiváramos las cámaras que pudiesen vernos, pero resultaría obvio en qué lugar estamos, así que si las desactivamos todas parecerá un error de las máquinas y ellos tardarán en darse cuenta de que alguien se metió al sistema. Eso nos da suficiente tiempo para que corras y entres al cuarto donde...
--¡¿Ella?! --exclamó Sebastián--. ¿Esta pequeñita va a hacer todo el trabajo? ¿Eres imbécil? Manda a cualquier otra persona, incluso a mí, si quieres, pero ella se queda fuera de todo esto.
--Ella es más delgada y más pequeña que nosotros dos, así que tiene más agilidad... y ella corre muy, muy rápido, créeme.
--Pues manda a Hayden o a Samantha, ellas son delgadas y pequeñas.
--Sí, pero no son tan rápidas como Violeta, además ella sabe defensa personal, y si algo sale mal podrá deshacerse de unos cuantos policías antes de que entremos a ayudarla. Hayden y Samantha sólo nos retrasarían.
--¿Estás loco? No vas a arriesgar así la vida de Violeta.
--Ella es fuerte, Sebas. Nosotros podemos entrar al patio para avisar, pero ella va a ser quien vaya por lo grande. Es rápida, fuerte, ágil y lista. No la van a atrapar tan fácil como si fuésemos cualquiera de nosotros. ¿Entiendes? O es que no puedes aceptar que una chica pueda hacer algo mejor que tú en cuanto a físico se refiere.
--No soy un vanidoso, ya sabes. Es que... ¿qué tal si le pasa algo?
--Oigan --intervine--. ¿Por qué no vamos por un bote de helado para que me ayuden con mi depresión, y luego de eso platicamos acerca de sus planes?
--Tienes razón --dijo Jonathan--, además necesitamos juntar a todos, y todavía ni siquiera tenemos a alguien que nos ayude con lo de las cámaras... y los cables de alta tensión.
--Si te consigo a alguien, ¿prometes dejar a Vio fuera de esto? --preguntó Sebas.
--¿Conoces a alguien?
--Promételo.
--Prometo que lo pensaré --cedió Jonathan al fin.
--Mateo. Es un ñoño de mi clase de cómputo. Lo sabe absolutamente todo.
--Está bien, tráelo y veremos qué es capaz de hacer.
--Es el pequeño Mateo de quien hablamos, ricitos --sonrió Sebas, con convicción--. Lo que tiene de enano lo tiene de geniecito.

Sebastián y Jonathan comenzaron a elaborar un plan que más bien parecía un guión para la película "Misión imposible". El plan tenía que elaborarlo alguien con mucho cerebro y gran intuición... si Sam, Hayden, Cass y yo nos juntábamos, podríamos hacer de esto una aventura sencilla y exitosa.

Al parecer mi helado y mi depresión tendrían que esperar un poco.

5 encontraron un motivo para comentar:

areeLi ♥ dijo...

¿Cual es la
mejor solucion
para la depre?
Un bote de helado
y una mision
imposible,
Que bien.

monn1n!t4 dijo...

mmm un bote de helado mmm maquilar un plan nunca crei que violeta seri mas rapida de los demás me da gusto que nosea un tontolina :D

andrea!! dijo...

Pff... (esto va para la de arriba) ¿que no leíste las entradas anteriores? es OBVIO que no es una tontolina (que espero que en México, tontolina signifique algo como tonta xD)

Ahh y pff... volviendo a la entrada, para mi que este Sebastián se trae algo con Violeta, porque esta muy... ASÍ ¿no?

¡¿TE DICEN PLAGIADORA?!
pff... primero que lean sus historias más copiadas de... de tu sabes, de eso 8-)
y que luego te juzguen
y pff... ¡POR DIOS! tu historia NO da asco,
te lo he dicho DEMASIADAS veces,
¿como lo puedes dudar?
hieres mis sentimientos 8-)
oks not.
Aparté, si diera asco, no te darían como mil premios, porque los premios significan que a las personas les agrada mucho tu blog... bueno, creo que sabes lo que significa un premio 8-)
Pero... PFF... (creo que me casaré con esa palabra xD) es OBVIO que te tienen envidia, porque tu SI tienes seguidoras(res) que te apoyan y que les gusta tu historia,
no como ellas 8-)
Y Pff... y más PFF... no les hagas caso a esos comentarios, mejor bórralos (se pueden borrar?)

Bueno, en fin...
me voe porque es la 1:48 am y ya no se que decirte xD

Oh! y por cierto... te llegó el temblor?
¿o vives demasiado lejos?
esque a mi si me tocó :O
y el de 7.2 (esque vivo en mexicali, ya me harté de esta ciudad f4)

Bueno, ahora si me voe
bye C:

Gre ♥ dijo...

que bueen capitulo!!

M·e·l·i dijo...

Simplemente me encanta tu historia ♥ te lo juro que no he leído una historia con la protagonista con tan mala suerte.

Ya te sigo!! y...

Besitos!!

La autora

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