sábado, mayo 8

Tenía que ser

Habíamos enterrado a mamá sin mucha ceremonia. No estuvimos una noche en vela con el ataúd que contenía su cadáver maltrecho para asegurarnos de que estaba muerta, porque para ambos era obvio que mamá se había ido. No invitamos a nadie al entierro porque no consideramos correcto tener que dar la cara a nuestros escasos familiares para contarles la larga historia de nuestra repentina ruptura familiar, ni tampoco el hecho de cómo mágicamente Diego y yo permanecíamos siempre uno al lado del otro, cuando en otros tiempos no podíamos siquiera vernos sin pelear o gritar vulgaridades. Nos habíamos vestido de negro, naturalmente; descubrí que mi hermano tampoco era alguien religioso y que al igual que yo, tenía la firme creencia de que cuando uno muere ya no queda nada de ese alguien y que no hay que rezar o despedirse de un alma que ya no existe.

A nuestro pequeño ritual sólo asistieron Amanda, que no se separó de mi hermano ni un segundo y que se limitó a tocarme la cabeza de vez en vez como símbolo de su pesar. Jonathan, quien aferró mi mano con la suya, mientras la otra reposaba dentro del bolsillo de su pantalón y quien no dijo absolutamente nada durante el tiempo transcurrido desde que salimos de casa hasta que regresamos a ella. Sebastián, que insistió en acompañarnos aunque nunca trató a mi madre. Walter, quien sí la había tratado y al parecer había sentido cierta simpatía por ella ahora que estaba más tiesa que el tronco de un árbol. Víctor, el padre de Jonathan, quien a pesar de haber estado siempre en desacuerdo con mi madre en cuanto a cómo criar a un hijo, fue a darme el pésame y a asegurarme que contaba con él para cualquier cosa que se me ofreciera. Y por último Ángela, la esposa de Víctor, que a pesar de no recordar quién diablos era yo, se mostró de lo más agradable y no reprendió a su hijo cuando lo vio besar a esta extraña frente a ella... Éramos todos. Seguramente mi padre ni siquiera se había preocupado por buscar a mamá, y existía una gran porbabilidad de que no sospechara que ella había muerto dos días atrás.

Nos encontrábamos acurrucados en el sofá grande que estaba situado en el cuarto de televisión. Jonathan había sugerido que viéramos
Misión Imposible, ya que sabía lo enamorada que estaba de Tom Cruise y tal vez quería distraerme un poco poniéndome enfrente a un sexy hombretón de ya casi cincuenta años... Le sonreí y sugerí una película de comedia. No estaba tan triste como mi hermano, pero ver el ataúd de mamá ser enterrado bajo kilos y kilos de tierra no fue algo agradable a la vista "esa es mi mamá" había pensado, "es de verdad la mujer a quien no concocí nunca más que de vista y que nunca me quiso de verdad; es mi mamá y dentro de unos meses lo único que quedará de ella serán unos huesos medio cubiertos de carne podrida que poco a poco se comerán los bichos hasta que no quede nada... es mamá en serio y yo no me puedo sentir tan triste como debería, ni siquiera siento como si hubiese perdido algo muy importante en mi vida, y mi hermano actúa como si se le hubiese acabado el mundo". Si quería olvidarme de todas esas cosas, de mi falta de sentir y de la culpabilidad que surgía como consecuencia de ello, tenía que reír hasta que me doliera la barriga.

Elegimos
Viernes de locos porque, a pesar de que la había visto por lo menos unas veinte veces, seguía provocándome ataques de risa en todas y cada una de las escenas. Jonathan se reía cuando yo lo hacía y pensé que nos daban gracia las mismas cosas, pero luego me di cuenta de que de hecho lo que le daba tanta gracia no era la película, sino mi risa. Supuse que mis carcajadas eran contagiosas y era por eso que estaba tan divertido viéndome reír... eso era mejor que pensar que yo me reía como algún animal extraño y él no podía evitar burlarse.

Diego y Amanda habían ido a hacer
algunas cosas a casa de ella. Traté de convencerme de que mi hermano no querría sexo luego de haber estado en el entierro de la mujer que le dio la vida y con la que compartió veintiún años de su vida, pero decir que Diego no dormiría con una chica aún en las circunstancias más adversas era como decir que el viento se detendría ante una señal de ALTO a media calle, sólo para respetar las reglas establecidas.

—¿En qué piensas? —preguntó Jonathan, pasando sus dedos por entre mi cabello, que había extendido sobre su regazo.
—Me pregunto cuáles serán las cosas —dejé que las comillas de la última palabra fueran obvias en mi tono de voz— que Diego y Amanda fueron a hacer.
—¿De verdad quieres que te explique todo el proceso? —preguntó con una sonrisa, antes de rozar mis labios con los suyos.
—¿Querrías no hacer eso cuando estamos hablando de...?
—¿De qué? —preguntó, divertido—. ¿Acaso te estoy intimidando?
—Claro que no —bufé—. Es sólo que...
—¿Qué...? —preguntó de nuevo, antes de besarme por segunda vez. Suspiré y él se echó a reír—. No me digas que te saqué de concentración.
—Claro que no... eso fue un bostezo fallido.
—Por supuesto —puso los ojos en blanco—. La casa está sola, Vio...

Jonathan me ayudó a erguirme en el sofá y me besó de nuevo. Me pareció divertido que quisiera comportarse como todo un seductor cuando resultaba tan obvio el hecho de que la seducción no era lo suyo... por lo menos no podía tratar de seducirme sin echarse a reír como un maniático.

—¿Estás haciendo alguna especie de propuesta indecorosa, Jonathan?
—Tú dirás —la mano que descansaba en mi cintura descendió hasta encontrar lo más bajo de mi espalda y yo me levanté del sofá como si me hubiesen dado una descarga eléctrica o algo parecido.
—Olvídalo —dije.
—¿Por qué? ¿Qué pasó con todo eso de "quiero hacerlo contigo Jonathan"? —preguntó, imitando mi tono de voz, mientras sostenía una sonrisa socarrona en los labios—. Tú nunca cumples lo que prometes...
—¿Y qué pasó con eso de "esperaré hasta que estés lista, Violeta de mi corazón"? —argumenté, haciendo una mala parodia de su tono de voz.
—Yo nunca dije eso... y no hablo como un idiota, tampoco.

Enarqué las cejas y abrí la boca teatralmente, haciendo que la mueca de sorpresa e indignación fluyera por mi rostro como el agua fluye en tiempos de lluvia. Alargué mi mano lo suficiente como para poder tomar uno de los suaves cojines situados justo frente a mí y se lo arrojé en la cara a Jonathan. Él retrocedió un segundo y luego se echó a reír, tomando el mismo cojín con el que lo había golpeado y lo agarró por una de las esquinas con toda la intención de arrojármelo a la cabeza, sólo que yo fui más rápida y eché a correr en dirección a la sala, hecha risas y gritos.

Jonathan me alcanzó a medio camino y me tomó por la cintura antes de que pudiese llegar al buró donde estaba el teléfono. Mis piernas se enredaron con la falda de encaje negro que había usado dadas las circunstancias, y había caído de bruces en la alfombra, notando los diseños abstractos de la tela justo frente a mis narices. Jonathan cayó sobre mi espalda y protestó porque su mano seguía atorada debajo de mi vientre. Me revolví en el suelo a propósito para hacer que el dolor en su extremidad se intensificara y así se arrepintiera de haberme hecho caer, pero él logró zafar su brazo y luego me hizo girar sobre mí misma, atrapando mis muñecas sobre mi cabeza con sus manos, fuertes como un par de esposas.

—Pudiste haberme sacado un ojo —dijo él entre risas.
—Eso habría sido algo divertido... lástima que no pasó —luché por zafarme pero todo esfuerzo fue completamente inútil: él tenía su cuerpo sobre el mío, impidiendo así cualquier movimiento brusco de mi parte, y las manos que aprisionaban mis muñecas, ni siquiera notaban cuánta fuerza ponía yo para deshacerme de ellas de una vez por todas.
—Me quedaría ciego y tendría que usar un feo par de gafas oscuras para no dar lástima...
—¿Qué quieres? ¿Que te pida perdón o algo parecido? ¡Te lo merecías! —aseguré, incapaz de contener la risa.

Jonathan me besó de pronto y el apartamento quedó en silencio, excepto por el ruido de la televisión que seguía encendida en aquel cuarto. Cualquier risa de mi parte fue sofocada por sus labios y aunque yo me encontraba en la posición más incómoda del mundo, sentí como si alguien me pateara el estómago de una manera que resultaba agradable en lugar de dolorosa. Sentí cómo aquella burbuja que me provocaba la misma sensación que cuando estaba arriba de una montaña rusa subía hasta mi garganta y bajaba de nuevo al estómago, donde se revolvía y hacía de las suyas mientras los labios de Jonathan jugueteaban con los míos a su antojo.

Abrí lo ojos cuando él alejó su rostro del mío y pude verlo sonreír burlón. Acercó sus labios a los míos sin apenas rozarlos y sentí su cuerpo temblar cuando yo intenté acortar esa distancia y él se echó hacia atrás. Se estaba riendo de mí. Repitió el proceso, dejando que nuestros labios se tocaran un poco, pero sin besarme de verdad; esta vez mantuve mi cabeza bien pegada al suelo y él rió de todos modos antes de besarme en serio. Sentí cómo las esposas liberaban mis muñecas y sus manos se abrían paso por mis brazos hasta llegar a mi cintura; comenzó a levantar mi blusa con una de ellas y acarició mi vientre mientras lo hacía. Escuché un sonido salir de su garganta y dejé de besarlo para mirarlo a los ojos.

—Ni pienses que va a pasar lo que estás pensando que va a pasar —le dije, alzando las cejas y sonriendo.
—¿Por qué no? No hay nadie y parece que es el momento para...
—Porque cada vez que lo intentamos, algo malo sucede. Primero fue porque Cass casi vomita fuera de mi habitación, luego fue porque mi hermano llegó medio desmayado a decirme que la bestia de mi papá había hecho otra admirable hazaña, y no estoy dispuesta a averiguar qué sucederá esta vez. ¿Quién sabe? Tal vez se caiga el edificio o vengan los extraterrestres a tomar posesión del planeta...
—Cierto. Creo que a veces... me dejo llevar.
—¿Sólo a veces? —reí.
—No es mi culpa que seas tan increíblemente deseable.
—¿Has estado visitando frasescursis.com o algo parecido? Porque deberías cancelar tu membresía, si es que tienes una... te han estafado, cariño, esas frases no van mucho contigo y hacen del momento una vil broma.
—He estado intentando cambiar mi personalidad —contestó, pensativo—. Dijo Sebastián que...
—Ya decía yo que algo tan imbécil no podía haber sido idea tuya —puse los ojos en blanco y suspiré—. No quiero un nuevo Jonathan ¿sí? Me gusta el Jonathan inteligente, sarcástico y obsesionado con las películas de detectives. No necesito que te conviertas en una copia seductora, bromista y hueca de Sebastián... Espera un momento... ¿quieres cambiar porque no me he acostado contigo? Eso es muy, muy bajo.
—No seas tonta —sus mejillas enrojecieron y pensé que tal vez estaba a punto de mentirme—. Es sólo que a toda la gente le parece encantador Sebastián, es como si se hubiese dado un baño de pegamento líquido y todas las personas que pasan por su camino quedaran pegadas a él irremediablemente. A mí con trabajos y me notan... no sé, yo creí que te gustaría más si me volvía como él.

Me eché a reír. ¿En qué clase de absurda realidad alterna me enamoraría yo de alguien como Sebastián? ¿Y por qué diablos pensaba Jonathan que si se convertía en un clon suyo me gustaría más?

—Si te conviertes en un Sebastián de ojos verdes entonces vas a perder todo tu encanto —aseguré—. A mí me gustan más los que saben discutir acerca de qué serie policiaca es mejor y que pueden enumerar cada unos de los casos que se han resuelto en
La ley y el orden.

Besé a Jonathan otra vez y me pregunté si mi argumento había sido lo bastante convincente como para que la idea de ser un símbolo sexual se le fuera de la cabeza. Sonó su celular y él contestó a regañadientes.

—¿Hola? Claro. ¿Qué? Pero tenemos que prepararlo todo y... Está bien. Tendré todo armado para el viernes y estará hecho antes de que termine el mes. Por supuesto. Hasta luego.
—Ésa fue la conversación más aburrida y corta que he escuchado en toda mi vida —aseguré.
—Levántate, Ricky Ricón está harto de esperar y quiere los documentos para fin de mes. Llama a los chicos, yo iré por Sebastián para que traiga a ese geniecillo de las computadoras que dice conocer.
—¿Qué? —pregunté confundida, mientras él se levantaba del suelo y se sacudía el pantalón.
—Lo que oíste. Dentro de dos semanas vamos a irrumpir en la casa del jefe de toda la fuerza policiaca de el Distrito Federal... —enarcó las cejas—. Guau, nunca creí que al decir eso me sentiría tan patético.



4 encontraron un motivo para comentar:

M·e·l·i dijo...

Oh! casi, casi xD jajaja Uy! ya tendrásn que ir a buscar los documentos!! Ya quiero leer ek nuevo cap!!

Besos!!

monn1n!t4 dijo...

documetos por fin jajaja waaaaaaaa asi o mas sueño cumplido de jonatan jajaja puf pero bueno ya quiero el prox cap wii

andrea!! dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA !
¿Se quiere hacer como Sebastián? xD
Si lo hace, me mataré 8-)

Ya quiero saber que pasará con lo de Ricky Ricón, asi que escribe pronto, porfavor.

Oh! y gracias por el comentario (creo xD) y ahora (también creo) que ya sabes que pasó :C

Bueno, me voy,
Adios♥

[abriL g karera] dijo...

Debo serte franca, es el primer capítulo en que mis emociones se tergiversan, quiero decir, primero el funeral y luego risas. Sé que a Violeta no le importó mucho lo de su madre y eso es lo que me hace colocarla en un nivel diferente jeje
Bien contado lo de Jonathan, romántico y divertido xD
Sí, me gusta cómo escribes, tan tranquila y tropical xD
Espero el próximo capítulo, ¡ah! Y muchas gracias por seguir mi novela, tus comentarios al respecto me son muy valiosos.

Cuídate n.n

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