lunes, julio 20

¿Acaso no puedo mantener el pico cerrado?

Estaba lloviendo otra vez. Me gustaba que lloviera, pero no cuando usaba los jeans que me quedaban largos, mi madre me pidió mil veces que los arreglara, pero me dio pereza y preferí dejarlos así. Ahora estaba mojada hasta las rodillas, gracias a que el agua que tocó el pantalón se había expandido hacia arriba. Qué deprimente.

Llevaba puesto el gorro de lana que me regaló la mamá de Casandra en Navidad. Era bonito: colorido, pero no muy llamativo. También usaba el abrigo negro de siempre y la bufanda rosa, que combinaba con el gorro y con mi blusa. Los tenis de tela estaban más que mojados y mis pies casi tiritaban de frío.

Estaba caminando hacia la salida de la escuela. Casandra no había ido ese día, ya que, después de todo, había decidido ir a la fiesta de Rodrigo y faltar a clases.

--¡Oye, Jonathan! --grité-- ¡Espérame!

Corrí donde mi amigo y salté sobre su espalda, lo cual fue algo estúpido. Ël no estaba preparado para recibir mi peso y los tres kilos agregados de mi mochila, así que en cuanto pasé mis piernas alrededor de su cintura, él perdió el equilibrio, cayendo ambos en el pasto mojado.

--Ay Dios --exclamé--, ¿eres más débil o estoy más gorda?
--Estás más gorda --aseguró mientras extendía un brazo para ayudar a levantarme del suelo.

Le propiné un puñetazo suave en el hombro y ambos nos echamos a reír. Luego de decirle por qué no había ido Casandra a la escuela, comenzamos a caminar a la cafetería, ya que el chico tenía hambre.

--Oye, tengo una nueva misión para ti --dijo mientras elegía una gran cantidad de comida y la ponía en su charola.
--No más misiones, la última vez casi nos meten a la cárcel.
--A la correccional --corrigió--, aún somos demasiado jóvenes para ir a la cárcel.
--Bueno, ciertamente nos lo merecíamos --sonreí al recordar--. Entrar en propiedad privada sólo para investigar una desaparición sospechosa no es muy cuerdo que digamos.
--Si no estás dispuesta a arriesgarte, entonces mejor no te digo nada acerca de la nueva misión.
--Hablas como si fueras del FBI o algo por el estilo --me burlé.
--Sí claro, ríete de mí, pero cuando sea el mejor investigador del continente entero, suplicarás que te deje trabajar a mi lado.
--¿Sabes que estas loco?
--Eso mismo le dijeron a Einstein, y ya ves.

Nos sentamos en una de las mesas vacías y él comenzó a comer, nos miramos a los ojos un buen rato, jugando a ver quien parpadeaba primero. Jonathan tenía unos lindos ojos verdes, pero usaba lentes de contacto color café porque decía que el verde era afeminado.

--Está bien, Sherlock, ¿de qué se trata? --debí saberlo... siempre me gana la curiosidad.
--Hay problemas en la dirección de la escuela, hace un mes quemaron uno de esos camiones enormes que se usan para construir...
--Tractores --lo interrumpí-- y sí, escuché algo de eso, también quemaron la oficina de intendencia ¿no?
--Exacto, pero yo creo que eso sólo fue una distracción.
--¿Distracción? ¿A qué te refieres?
--Estaba revisando el inventario de la bodega de químicos y adivina lo que encontré...
--No es cierto--dije, asombrada--no me digas que faltan sustancias.
--Robaron varas cosas de la bodega justo al mismo tiempo que se quemaba la oficina de intendencia...
--¿Y quién?
--Cariño, si lo supiera, no necesitaría tu ayuda.
--Mmm...

Jonathan me miró un buen rato, mientras engullía cantidades de comida tan grandes como lo que yo ingeriría en una semana entera.

--Está bien, estoy dentro --dije al fin.
--¡Esa es mi chica! --alzó la mano para chocar los cinco.

Ciertamente extrañaba todo eso. Meterme en problemas por investigar cosas que no eran de mi incumbencia. Hacía un año, habíamos estado investigando la desaparición de una chica que salió en los periódicos, ya que Jonathan se creía (y era) más inteligente y eficiente que la policía. Mi participación en la investigación había terminado cuando nos atraparon en la oficina de policía buscando algunos archivos. Y medio año antes de eso, habíamos encontrado al culpable de que las bandas de maleantes entraran constantemente al escuela, y que mientras los alumnos corrían despavoridos para proteger su integridad física, las cifras del presupuesto escolar cambiaran notablemente: el director llamaba a esas bandas para hacer transacciones a su cuenta mientras todos estaban ocupados en proteger a la escuela y a los alumnos. Ese año despidieron al director y a nosotros nos dieron un reconocimiento... Jonathan no paraba de alardear acerca de eso.

--Y yo te tengo un trabajo a ti --dije, después de un rato de observarlo engullir comida cual barril sin fondo.
--¿Ajá?

Saqué la hoja arrugada de mi cuaderno de anatomía y la puse sobre la mesa. Jonathan la leyó con cuidado y luego me miró angustiado.

--Violeta, esto es peligroso.
--Ahora resulta que un admirador secreto es peligroso, pero un ladrón pirómano no...
--Pero es diferente...
--No lo es y lo sabes --interrumpí.
--¡Violeta, esto es una estupidez! ¡¿Trataron de asesinarte y aun así no lo consideras peligroso?!

Bufé. Si no le hubiera contado a Jonathan lo que había sucedido, no tendría que aguantar sus sermones sobre la seguridad todos los días. Jonathan me sermoneaba acerca de ser precavida, incluso cuando estuviéramos en la cima de un acantilado, decidiendo si bajaríamos saltando o mejor a rapel.

--No te pongas así.
--Bien, ¿qué es lo que quieres?
--Sólo quiero saber si es él o no --dije en susurros.
--¿Quieres que te ayude a saber quién es?
--No... sólo quiero estar segura de que no es él.
--Trae las cartas mañana y yo me encargo del resto.
--¿En serio?
--Oye, prefiero asegurarme de que no es ese idiota antes de dejar que hagas esto tú sola--Jonathan puso su mano sobre la mía y casi estuve segura de percibir un temblor en ella.

Sonó mi celular y me las arreglé para sacarlo del bolsillo del pantalón sin tener que pararme. Miré el número antes de contestar y puse los ojos en blanco en cuanto vi el nombre.

--¿Qué quieres?--saludé.
--¿Estás en la escuela aún?
--¿Estás bien de la cabeza?--pregunté, imitando su tono de voz--¿De cuándo a acá te preocupa dónde estoy?
--Voy a pasar por ti, te veo en cinco minutos afuera de la escuela.

Colgó y yo hice lo propio, no sin antes sacarle la lengua al aparato.

--¿Diego?
--Sí.
--Está preocupado por ti... lo sabe, ¿no es así?
--Es un maldito entrometido --contesté, enojada--. Si no leyera todo lo que encuentra, yo no habría contestado la carta.
--¿¡Que hiciste qué!?--Jonathan se paró de la mesa y le dio un golpe fuerte.

Genial. Yo y mi gran bocota. El sermón llegaría en 5, 4, 3...

1 encontraron un motivo para comentar:

Leonard dijo...

La historia me encanta, me agradaría seguir leyéndola pero no veo más líneas, donde guiar mis ojos.
Tengo mucho sueño, ya es tarde y estoy cansado luego del trabajo; contesto esto a las 2 de la madrugada, puede no ser tan tarde pero levantarse temprano arruina mi integridad, lindas líneas, esperare las próximas.
Un abrazo^^

La autora

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