sábado, octubre 24

En problemas

--En serio, es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
--¿Quieres que me vaya? --pregunté-- Porque si sigues así de fastidioso es lo que voy a hacer.
--Tranquila... no me amenaces.
--Ay, Jonathan, cierra ese maldito pico.

Caminábamos tomados de la mano. Qué sensación más extraña, caminar con mi mejor amigo en plan de pareja, y lo más raro de todo es que resultaba agradable.

Jonathan se había pasado la última media hora hablando de lo bien que le había caído el beso de ayer, de lo mucho que le gustaba desde hace tiempo, de por qué le gustaba... me estaba desesperando, pero sentía algo en la barriga al escuchar esas palabras.

--Oye, ¿y la información que se suponía me tendrías?
--Ah, deveras... lo olvidé.
--Bah, no importa. Yo soy más eficiente que tú en esto, cariño y ¿qué crees que hallé?
--¿Mmm?
--¿Recuerdas al tipo jorobado que cuidaba la oficina de químicos y que renunció luego del desastre?
--Sí.

Claro que lo recordaba. Ese tipo era tan horrible que nunca podría olvidar su cara. No era tanto la joroba, era más bien su cara. Tenía el cabello corto a lo militar, sus ojos siempre miraban con odio o algo así, y su boca estaba retorcida siempre.

--Adivina qué.
--No estoy para adivinanzas.
--¿No adivinas, deveras? --su cara de desilusión me hizo reír un poco-- ¿Por qué crees que renunció luego del incidente?
--Ay, Jonathan, él era un imposibilitado ¿sabes? Esa clase de personas no pueden hacer muchos desmanes en tan poco tiempo.
--Yo lo busqué.
--¡Que hiciste ¿qué?!

Me sorprendió que me preocupara tanto. Antes, cuando Jonathan estaba a dos segundos de arrojarse al vacío para encontrar algo que lo tenía obsesionado, no me importaba. Dejaba que lo hiciera y aunque pensara que estaba loco no me preocupaba tanto por él, porque era demasiado bueno en lo que hacía.

Jonathan sonrió ante mi reacción y me besó la frente. Bah, unas horas de ser novios y ya me trataba como niña pequeña.

--Estuve investigando un poco, quería saber quién era el tipo que te mandaba las cartas, pero luego me desvié un poquitín...
--¿Un poquitín? No creo que haya sido un poquitín.
--Bueno, la verdad es que encontré muy rápido a tu admirador secreto y me aburrí porque no tenía nada que hacer, así que mejor me puse a investigar este otro asunto.
--¿Las-car-tas?
--Ah sí... creo que no debí decir eso ¿verdad?
--Jonathan, ¿no has aprendido nada de mi apestosa vida? ¿No has entendido que los admiradores secretos pueden estrangular gente?
--Ay, pero esas cosas sólo te pasan a ti.
--Eres un tarado --meneé la cabeza como símbolo de desaprobación.

Seguimos platicando acerca del asunto. Gracias a mis problemas habíamos descuidado todo lo demás (las cartas y el robo) y ya era hora de regresar a la normalidad.

Jonathan había ido a mi casa esta mañana y Diego se había reído de mí. Típico.

Pero ¿qué me esperaba? Si cuando abrí la puerta, sabiendo que quien estaba detrás de ella era Jonathan, con su maquillaje y mano mágica, él me tomó por la cintura y me besó como si fuera lo único que quería hacer. Por su puesto que Diego estaba detrás y no tardó en soltar una carcajada tan estruendosa que cualquiera de los vecinos pudo haberla oído. Y también se había reído cuando, al terminar de maquillarme, Jonathan me besó de nuevo. ¿Acaso Diego se iba a reír cada vez que Jonathan me besara? ¿O acaso se reía por la cara de sorpresa que yo hacía cuando sus labios tocaban los míos? Pues sea lo que fuere, se le iba a tener que pasar, porque en unos días ya no me sorprendería que Jonathan me besara, y eso iba a terminar con la alegría espontánea de Diego.

Llegamos a mi salón y me quedé afuera, con él, mientras llegaba la profesora. Estábamos platicando acerca de lo poco que había tardado él en encontrar al chico de la fuente y yo trataba de convencerlo de que no me lo dijera... Entonces, apareció Oliver Carter, que iba en esa clase conmigo, y al ver a Jonathan se paró detrás de él y le golpeó la cabeza.

Jonathan no dijo nada. Simplemente lo ignoró. Yo nunca había visto a Carter golpeando a Jonathan, pero ahora que lo había presenciado me había puesto furiosa. Fuera mi novio o mi amigo, yo quería mucho a aquel chico que estaba parado frente a mí, así que di un paso al frente y encaré a Carter.

--¿Eres idiota, Carter? --pregunté.
--¡Oh, es la chica histérica! --gritó-- ¡Bruno, ven a ver esto! ¡La loca está reclamándome otra vez!
--Ay, vamos, ¿en serio necesitas llevar a Bruno a todos lados?

Jonathan estaba parado detrás de mí, puso su mano en mi cintura pero permaneció atrás.

--No lo necesito --contestó él--. Es mi amigo, niña, y tiene derecho a burlarse de ti si eso es lo que quiere.
--¿Ah sí? Pues yo tengo derecho a patearte el trasero si eso es lo que quiero.
--¡Por dios! ¿Me estás amenazando?

Jonathan se adelantó dos pasos y quedó junto a mí. Carter miró la mano que se aferraba a mi cintura y se echó a reír. Crucé los brazos para no golpearlo en ese mismo instante... aún no. Quería darle un poco de batalla psicológica antes de tirarle un diente.

--¡Chicos! --gritó-- ¿Han visto las buenas nuevas?
--Cierra el pico, Oliver --exigí.
--Eres más pequeña que yo por varios centímetros y mucho músculo, Violeta. ¿Qué pretendes hacer?
--Tú eres un estúpido, Oliver Carter. Si tan sólo tuvieras un poco de músculo también en el cerebro, te habrías dado cuenta hace mucho tiempo.
--Oye, ¿me dices todo esto para defender a tu ami... noviecito?
--Sí. Lo digo para defender a mi novio y para ponerte en tu lugar.
--Uy, me tienes aterrorizado --se echó a reír de nuevo y decidí que no quería una batalla psicológica... lo que quería era partirle la nariz.

Descrucé los brazos y cerré las manos en puños. Jonathan pareció percibir este movimiento, porque puso su mano derecha sobre la mía y afianzó la izquierda en la cintura. No estaba de humor para heroísmo de su parte. Zafé mi mano derecha y la utilicé para estrellarla contra la cara de Carter. Toda mi fuerza y coraje iban en ese golpe, y no sólo me estaba desquitando por todo lo que le había hecho a Jonathan los últimos años; también estaba desquitando con él mis problemas. Ese golpe llevaba los golpes de mi padre, el llanto de mi madre, los moretones de mi cuerpo, la impotencia, la desilución porque Rodrigo no era mío y nunca lo sería...

Mi puño se estrelló contra la nariz de Carter y sentí un crujido que también fue audible. Él tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo alzó su mano derecha, la cerró en un puño y la impulsó con todas sus fuerzas en mi dirección.

--Maldita loca, hija de perra --susurró.

Me preparé para recibir el golpe, pero las manos que rodeaban mi cintura me apartaron de mi lugar y la mano de Carter chocó con el aire, desequilibrándolo un poco.

--¿Eres capaz de golpear a una chica, Oliver? --pregunté-- Eres una maldita gallina estúpida.

Jonathan me tomó de la mano y me jaló en dirección al aula, pero zafé el brazo de nuevo y volví a estrellarlo contra la cara de Carter. Él maldijo, ambos maldijeron: Jonathan porque lo estaba ignorando y Carter por la sangre que ahora manaba también de su labio inferior.

Jonathan dijo algo en voz baja y se adelantó unos pasos, hasta dejarme detrás de él. Eso lo colocaba a escasos diez centímetros de Carter. Los alumnos comenzaron a reunirse alrededor, Bruno se paró junto a su amigo en cuanto comprendió lo que sucedía y alzó los puños frente a su rostro, listo para atacar.

--¿Necesitas que te defiendan, Carter? --grité.
--Sólo cierra la maldita boca, Violeta --dijo Jonathan, que también estaba adquiriendo esa posición tan familiar.
--Encárgate del idiota --ordeno Carter, que trataba de hacer que la sangre no brotara más--. Yo voy por la chica.

Ahora sí que me dio pánico. Esto ya se había salido de control.

Bruno comenzó a golpear a Jonathan y éste trataba inútilmente de defenderse, aunque le propinó unos buenos golpes al amigo de Carter. Una vez que Bruno apartó a Jonathan del camino, Carter se adelantó y me tomó por los hombros. Lo pateé y lo rasguñé, pero no logré que me soltara. Me empujó y caí al suelo. Genial.

--¡Violeta! --escuché aquella voz tan familiar.

Casandra estaba ahí. Jonathan estaba peleando con Bruno. Carter estaba a medio segundo de deshacerme la cara. Rodrigo... ¿dónde estaba Rodrigo?

De nuevo no sentí el golpe que esperaba. Carter gruñó y maldijo otra vez, Casandra vino hacia mí y me ayudó a levantarme. Entonces pude verlo todo bien.

El círculo de personas que se había formado a nuestro alrededor se abría cada vez más, ya que Buno y Jonathan lanzaban golpes al azar y uno podría golpear a los metiches. Casandra me jaló unos pasos hacia atrás y al girar el rostro en busca de Carter, me di cuenta de que alguien ya se estaba ocupando de él.

Rodrigo había tirado a Oliver al suelo. Lo tenía inmóvi y le hacía prometer que cuando lo soltara no se iba a avalanzar contra mí de nuevo, mientras le decía que era un cobarde por haber intentado golpear a una chica.

--¿Qué está pasando aquí? --gritó alguien.

El profesor del salón de junto había escuchado o visto todo el alboroto y había venido a poner el orden. Logró separar a Bruno y a Jonathan, luego colaboró para que Carter no viniera a asesinarme cuando Rodrigo lo soltó y por último, mandó a todos los espectadores de vuelta a sus grupos.

Rodrigo vino hacia nosotras y tomó a Casandra de la mano, antes de acariciar mi mejilla con su pulgar. Jonathan se quedó parado donde estaba durante unos segundos y después vino conmigo. Lo miré y me arrepentí de tener una boca tan floja: Su ceja estaba abierta, su nariz sangraba, al igual que la mandíbula en el lado derecho, a unos centímetros del oído. Al ver mi rostro, intentó limpiarse la sangre, aunque sólo consiguió que se embarrara más y que su camiseta se ensuciara de aquel líquido rojo.








--¿Qué pasó? --preguntó Diego al vernos entrar, o más bien al percatarse del desastre que era Jonathan
--Mmm... creo que mi boca me jugó una mala pasada otra vez.
--¿Por qué lo golpeaste? --gritó mi hermano.
--Yo no fui, fue ese bruto de Bruno.
--¿Y ahora por qué?

Conduje a Jonathan a la cocina, saqué hielo y lo envolví con un trapo limpio. Comencé a limpiarle el rostro con agua antes de colocar la compresa para que no se le hinchara el rostro.

--Digamos que... vas a tener que ir a la escuela mañana. Estoy suspendida toda la semana siguiente.
-¿Por qué? --gritó él. Ahora también estaba furioso.
--Mmm... es que me acusan de haber iniciado una pelea... y de haberle fracturado la nariz a Carter.
--Y de haber hecho que me patearan el trasero --añadió Jonathan.
--Y de eso también --me agaché y le besé la mejilla--. Lo siento.
--Ya qué. Ahora tendrás qu aguantarme toda una semana.
--Espera... --dijo Deigo-- ¿También a ti te suspendieron?
--Y a Carter, y a Bruno y también a Rodrigo... nos acusan de violentos --contesté.
--La única que se salvó fue Casandra --dijo Jonathan.


Le contamos a Diego todo lo que había sucedido en un lapso de tiempo tan corto y él se enfureció conmigo. Dijo que era una histérica irresponsable y que estaba castigada. Genial, ahora no tenía padres pero sí un hermano con complejo de adulto responsable.

Mi castigo consistía en no salir el fin de semana y mientras estuviera suspendida. Arg.

Pero Jonathan había amenazado con quedarse en mi casa toda la semana siguiente y eso me ponía de mejor humor.

Yo y mi gran bocota... otra vez.

1 encontraron un motivo para comentar:

[.fîłłe đe łâ иuît.] dijo...

ups!

pero ahora no sólo fue la boca de Vio la que la metió en problemas...

pero me cae que Carter se lo tenía más que merecido!!... :P

La autora

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Violeta

Jonathan

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Bruno

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