domingo, marzo 28

Mamá.

Sentía las puntas de sus dedos recorriendo la piel de mi brazo. Sabía que no estaba en mi cuarto porque había mucha gente al rededor y porque yo estaba sentada en alguna silla demasiado incómoda como para ser mi mesedora. Además, si yo estuviese sentada en mi mesedora, Jonathan no estaría junto a mí, ni mi cabeza estaría recargada en su hombro. Escuchaba varias voces por ahí, algunas sólo eran murmullos y otras tantas estaban más bien histéricas. Había un olor extraño y sofocante, como a farmacia o algo así. Entonces recordé en dónde estaba y abrí lentamente los ojos. Sí, recordaba dónde estaba, pero había fallado al pensar que estaba con Jonathan.

Alcé la cabeza para encontrarme con el rostro tranquilo de Sebastián, quien, por la cadencia de su respiración, podría decirse que estaba dormido o a punto de caer frito. Miré a mi alrededor. ¿Y Diego? Me sentía como cuando una se pone muy borracha y al día siguiente no recuerda nada de lo que ha hecho. Sebas paró el recorrido que sus dedos hacían por mi brazo y se enderezó en la silla, obligándome a hacer lo propio.

--¿Y mi hermano? --pregunté, con voz soñolienta.
--Buenos días, Sebastián, ¿te duele el brazo? Porque ya sé que mi cabeza pesa demasiado y me preocupa tu integridad física --dijo él, imitando mi tono de voz y flexionando luego el brazo que tenía al rededor de mi cuerpo--. Hola Vio, no te preocupes, algún día la sangre encontrará su curso de nuevo y tal vez no tengan que quitarme el brazo ni nada por el estilo.
--Oh, lo siento --musité, luego me acomodé en la silla y lo miré--. ¿Y tú qué haces aquí?
--¿Ahora tienes amnesia o algo así? Vine anoche porque mandaste al diablo a ricitos. Además él no se lleva muy bien que digamos con los hospitales ¿recuerdas? Tal vez me envió porque no quería desmayarse dos veces frente a las mismas enfermeras --rió.
--¿Está muy enojado? --mientras el sopor del sueño se desvanecía, yo iba tomando conciencia de lo que había hecho la noche anterior.
--No creo... --dudó--. ¿Quién sabe? A lo mejor sólo quiso darte tu espacio y ya.
--¿Me da espacio mandándote a ti?
--Buen punto... bueno... ¿y qué le pasó a tu mamá, para empezar? ¿Resucitó y luego la quisieron regresar al hoyo?

Sebastián bromearía incluso si una sierra eléctrica estuviese a punto de rebanarle la cabeza. El problema era que yo no estaba de humor para bromas. Recordé aquel día en que le dije que mis padres habían muerto... o... no recordaba muy bien si había sido él a quien se lo dije, pero de alguna forma lo sabía y era el punto.

--No... es que... mi papá...
--Ah, ahí está el desaparecido --interrumpió, señalando hacia mi hermano, que me miraba como disculpándose por algo.

Me levanté de la silla y me puse el suéter que cayó al piso. Sebastián vino detrás de mí cuando caminé hacia mi hermano y... una chica a quien de hecho no conocía. La mujer era alta, casi tanto como Diego, delgada y de rostro amable, aunque tenía una mueca de disgusto y tristeza que me hizo saber que yo no le agradaba mucho que digamos, y que ella sabía perfectamente quién era yo. Iba vestida con una falda negra hasta la rodilla que dejaba ver unas piernas bien trabajadas y una cadera estrecha, su camisa blanca me dijo que era ejecutiva o algo por el estilo. Tenía el atuendo exacto de una chica de oficina; tal vez una abogada o contadora. Parecía una de esas mujeres exitosas y guapas de tacones altos que salen en la televisión.

--Oye, siento lo de anoche. Estaba de malas y ya sabes cómo soy. No quise decir eso --me disculpé.
--Ya olvídalo --dijo él. Tenía los ojos rojos e hinchados, entonces recordé que lo había visto llorar la noche anterior... llorar con la chica que tenía al lado.
--¿Y mamá? ¿Está mejor?
--Está peor --negó con la cabeza y metió las manos a los bolsillos del pantalón--. Vio, la tienen despierta con una de esas máquinas idiotas...
--Bypass --dijo la chica que estaba junto a él--. La mantendrá viva por unas horas y veníamos a despertarte para que te despidas de ella.

De pronto tuve la extraña necesidad de incendiarle el cabello a esa mujer con cuerpo de súper modelo. Por lo poco que había entendido, mi mamá iba a morir. Sí, yo había sido una completa idiota la noche anterior, había dicho que no quería verla y que me importaba un pepino lo que le pasara, pero era mi madre y por más que quisiera no podía odiarla al punto de estar feliz por su muerte. Y menos cuando el causante de todo aquello había sido mi padre. Ésta mujer había venido a decirme con la mayor crudeza que fue capaz, que una máquina mantenía viva a mamá y que tenía que ir a despedirme. Sí, por unos segundos pensé en golpearla hasta que se desangrara, pero estábamos en un hospital y la salvarían en menos de un segundo... aunque tal vez tendrían que mantenerla viva con una máquina y así sabría lo que se siente.

Mi hermano se llevó las manos a la cara y se frotó los ojos enérgicamente. Sebastián colocó su mano en mi cintura y me atrajo hacia él, antes de besarme la coronilla. Yo no podía entender muy bien lo que estaba sucediendo. No me podía creer que mi mamá estaba a punto de morir. Si esa estúpida máquina la mantendría viva unas horas, ¿por qué no podía hacerlo durante un tiempo indeterminado? Apuesto a que podríamos acomodarla muy bien en la habitación extra que había en nuestro apartamento. Ella viviría atada a esa máquina y a nosotros, pero estaría viva.

--Vamos --dijo la chica--. Estamos perdiendo el tiempo.

Se acercó a mí y con un movimiento brusco pasó su mano por mis mejillas. Fue hasta entonces que me di cuenta de que estaba llorando. ¿Y quién era ella para hacer lo que hacía? Sebastián la tomó por la muñeca y la miró a los ojos. En el rostro de la mujer había una mueca de desprecio. Desprecio hacia mí.

--Basta --dijo Sebas--. Ella no tiene la culpa de lo que está pasando y tú ni siquiera perteneces a esta familia.
--Tú tampoco --contestó.
--No. Y por eso vamos a mantenernos al margen del asunto. Basta ya de tratarla como si la conocieras.

Sebastián la soltó y ella caminó detrás de Diego hasta el elevador. Nosotros los seguimos unos segundos después y entramos junto con ellos. Sebastián no se apartó de mí ni un segundo. Yo lloraba y él se llevaba mis lágrimas con los dedos, me decía que todo iba a estar bien, que la muerte llega y que mi madre tenía que irse, pero que yo debía decirle que la quería y que no le guardaba ningún rencor. Sebas dijo que tenía que contarle a mi madre todo lo que sentía por ella, y que así se iría con el alma un poco más alegre. Me prometió que no me dejaría y que estaría conmigo incluso después de que sucediera. Me abrazaba y me tomaba de la mano repetidamente...

Era la primera vez que veía serio a Sebastián.

Me senté junto a mamá. Su rostro estaba pálido y sus ojos tristes. En el rostro no tenía heridas ni nada parecido, pero sus brazos eran otra cosa. Pude ver marcas en su cuello... como las que una vez yo misma había tenido. La máquina estaba situada a su izquierda y hacía un ruido muy molesto, como para que no se nos olvidara que gracias a ella podríamos decirle unas últimas palabras a mi madre. Diego se colocó a mi lado y tomó la mano de ella.

--¿Qué te pasó? --pregunté estúpidamente, con la voz entrecortada.
--Lo siento tanto --musitó--. Debí... debí haber...
--No --dijo Diego bruscamente--. Ya no digas eso. No fue tu culpa.
--Mamá --susurré--. ¿Cómo pasó? ¿Qué te hizo? ¿Por qué diablos vas a morir?
--Creo que sólo dio en el punto equivocado... y hay órganos sin los cuáles no podemos vivir, Vio.
--Pero ¿¡por qué!? ¿No pueden arrelgarlo? Un transplante tal vez...
--No tiene caso --sonrió--. ¿Por qué perdemos el tiempo hablando de esto? No hay que hablar de lo que ya no tiene remedio, mejor aclaremos algunas cosas.
--¿Por qué no le dicen y ya? --dijo la chica que acompañaba a Diego.
--¿Por qué no te callas y ya? --preguntó Sebas, mirándola con disgusto.
--Mamá --dije, ignorando lo que sucedía--. No quiero que mueras. Te quiero. ¡No me dejes!
--Quería pedirte perdón por todo lo que pasó --dijo ella, sin borrar la sonrisa de su rostro--. Y quería que supieras que los días que no estuviste fueron tristes.

Estaba dicho. No quedaba nada más por decir, nada más por aclarar ni pedir. Mamá apretó la mano de mi hermano y con la otra acarició mi mejilla. Nos quedamos en silencio un largo rato. Yo no tenía muy claro hasta cuándo moriría, no sabía si alguien vendría a apagar la máquina, pero si ése era el caso, yo le arrancaría la mano antes de que pudiese tocarla siquiera. Miré el rostro de mi madre durante mucho tiempo. Era algo extraño, pero en vez de que su cara diera señales de tristeza o miedo, parecía que ella estaba disfrutando lo que le pasaba. Sonreía y nos miraba. Luego de unas horas (no podría decir si muchas o pocas) ella comenzó a quedarse dormida y unos segundos después una enfermera entró para apagar la máquina.

Diego me abrazó y yo lloré como si fuera mi profesión. Mi hermano sollozaba, pero era más discreto que yo. Dos enfermeras comenzaron a mover a mamá, decían cosas y preguntaban estupideces, pero no les puse mucha atención. Mamá había muerto y yo había hecho de sus últimos meses una pesadilla. Pidieron a mi hermano que firmara un ahoja y él lo hizo. Luego él y su acompañante fueron a algún lado para arreglar papeles y esas cosas. La chica no se separaba de él y lo miraba como si fuese un niño pequeño a quien le dolía ver triste. No me importaba qué tan mal me había tratado si podía hacer que mi hermano se sintiera un poco mejor.

Abracé a Sebastián tan fuerte como me fue posible. Él no dijo nada hasta que bajamos de nuevo a la sala de espera.

--No fue tu culpa. Vas a estar bien. Le dijiste lo que sentías y ella estuvo feliz, ¿me oyes? La hiciste feliz.
--¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué estuve bien con mi madre hasta que murió? ¿Por qué, maldita sea, está muerta, Sebastián? ¿Te puedes imaginar cómo se sintió con tantas cosas horribles que le dije cuando nos fuimos de casa?
--Tú no sabías lo que iba a pasar --tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos con furia--. Somos jóvenes y somos estúpidos. Nos divertimos equivocándonos y a veces pasan cosas malas, pero no por eso vamos a arrepentirnos de todo lo que hacemos ¿verdad? Tú no tenías la menor idea de que esto pasaría, pero olvidaste todo lo que sucedió y perdonaste. Ella ya se fue y tú llegaste a tiempo para decirle que la querías. Puedes llorar todo lo que quieras, pero no por las razones equivocadas, Violeta. Llora porque tu madre murió, no porque sientes que es tu culpa lo que sucedió.

En situaciones normales me habría burlado de su seriedad. Me habría reído hasta lo imposible de la mirada de adulto que tenía en esos momentos, porque a pesar de que era de la edad de Diego, se comportaba como un niño todo el tiempo... Pero éstas no eran situaciones normales y agradecí infinitamente que hubiese alguien ahí para mí.



_______________________________________

Hola!

Hice un capítulo demasiado extenso, pero la situación lo exigía xD No quería ocupar más capítulos hablando de lo mismo y por eso lo metí todo en uno. Iba a decir quién es la mujer rarita que anda para todos lados con Diego, pero como que no encajaba con lo que sucedía, así que lo posponemos ¿vale?

No sé si vaya a poder publicar muy pronto. Tenía pensado hacerlo a mitad de semana porque no tengo clases, pero mis geniales profesores me llenaron hasta las narices de tarea y no sé si vaya a tener mucho tiempo libre que digamos.

Gracias por sus comentarios, que hacen que me den más ganas de escribir.

Betzabé.

3 encontraron un motivo para comentar:

areeLi ♥ dijo...

Que horror...
no me imagino
lo que es eso...

andrea!! dijo...

awch
emmm... sin palabras :$
solo tengo como 3
ODIO A LA TIPA ESA!!
ok eran 5 y no la odio, pero me cayó MUY mal.

Quiero saber quien es...
espero que no sea la novia de Diego ni nada por el estilo, porque entonces le haría la vida imposible a Violeta.

Bueno, me voe,
bye♥
y espero que terminer pronto tu tarea :)

[abriL g karera] dijo...

worales
no sentí que dejara tanto tiempo de leer, y sí... fue un mes jeee

leer Violeta requiere de toda la atención, así puedo hacer mis comentarios acertados XD y este mes fue muy pesado en cuanto a deberes escolares.

Pero ya ando de vuelta, notando que progresa satisfactioramente jujuju...
deja una sensación triste... esa chica misteriosa ¿ya la habías mencionado antes? mmm no lo sé...
y ahora que ha muerto la mamá... ¿violeta afrontará a su padre? mmm tampoco sé jaja

muy buena, haces que se me revuelva la cabeza tratando de saber qué sigue

sí... termina pronto tu tarea n.n

saluditos!!

La autora

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